Cuando nuestro animal regenera,
enturbiando y vaciando la mente
y la pasión el placer requiera,
por el celo de un cuerpo caliente,
se aviva la sonrisa que espera,
incitando la carne que siente
y el pudor en voluntad severa,
resbala en muro indiferente.
El deseo en el seno acelera,
por los labios en suave mordiente,
dulce y lentamente se apodera,
en el acariciar descendente,
cuando por la expresión placentera
y el sudor de piel efervescente,
la vagina animada prefiera,
recibir el furor diferente,
penetra, consuela, dentro y afuera
activando el anhelo exigente,
estremeciéndose, se supera,
poco a poco en gozo complaciente.
Antonio Pérez.