Mimé tu nuca sobre la
almohada,
y tu rosado pecho al descubierto,
de carne trémula
hice mi espada,
que se hundió en tu hoyo de bosque cubierto.
Hermoso... angelical cuerpo de hada,
aquel que soñé en
porvenir incierto,
ahora mi dulce princesa amada,
placer y
aleluya de mi concierto.
Heredé su fiebre en la vida nueva,
todo mi estoque en sus labios galantes,
y el rico sabor de su
fresca breva;
en mi boca fuego vertió su riego,
y el jugo
de una historia de amantes,
reverdeciendo la hierba nuestro
juego.
Antonio Pérez.