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RECORRIDO Y PARADAS
RECOMENDABLES: La ruta propuesta parte de la ciudad de
Jódar, población situada a 630 m s.n.m. Desde aquí se dirige al este, por la carretera
que lleva a la estación de Quesada, hasta que, a 6,5 km del casco urbano (un kilómetro
antes del puente sobre el río Jandulilla), parte un carril a la derecha que lleva al
cortijo de Las Quebrás. El carril es poco adecuado para turismos, resultando en invierno
casi impracticable. Por tanto, el kilómetro escaso que separa la carretera del cortijo
puede cubrirse tranquilamente a pie, tras dejar el vehículo. En el cortijo de Las
Quebrás nace y muere el itinerario propuesto para pasear por los atochales. JODAR La ciudad de Jódar es el núcleo más grande del Parque Natural de
Sierra Mágina y el punto de partida de nuestro itinerario. La Iglesia de la
Asunción , construida entre los siglos XVI- XVIII, y el Castillo, el
más antiguo de la provincia de Jaén, son los principales atractivos arquitectónicos de
la ciudad. Precisamente en este castillo, herido y mancillado- por un destructivo
acondicionamiento, que no restauración, se encuentra el Centro de Recepción e
Interpretación del Parque Natural de Sierra Mágina. Pero no es el Parque en este caso el
objeto de nuestro itinerario si no, tan solo, dar un paseo por uno de los ecosistemas
menos conocidos de la provincia, a la vez que por parte de la historia de una de sus
ciudades. Hoy en día, preguntando, es posible comprar alguna muestra de la
artesanía del esparto. Sin embargo durante grandes períodos de la historia de Jódar, la
manufactura del esparto supuso algo mucho más importante. Se trataba de la A la vera de la Sierra de la Cuerda o Golondrina
Jódar fue,
A la vera de la Sierra de la Cuerda o Golondrina
Jódar fue, durante siglos, bastión de la industria del esparto.
principal fuente de ingresos para la mayoría de sus habitantes, especialmente en la elaboración de capachos. Estas actividades fueron modelando ecosistemas, hoy en día caídos en la desconsideración social, que prácticamente han desaparecido pero que, sin embargo, tienen una gran singularidad y un elevado valor ecológico. Amén de la propia sierra, en cuya falda se recuesta Jódar y de la cual toma nombre, durante el recorrido desde esta localidad al cruce de Las Quebrás se divisan numerosos cerros en los que el esparto constituye un elemento vegetal importante. Al norte, a la izquierda de la carretera, están los más grandes, Cerro Nando y El Fontanar, dos cerros que unidos por un pequeño portillo, derraman olivares desde sus pompas cubiertas de atochas. En los llanos surcados de ramblas se sucede un entramado de olivares, añejales y algunas siembras. Abandonando la carretera, a 6,5 km. de Jódar, se sube por un carril que parte a la derecha, en la linde entre una tierra calma y el olivar, hasta llegar al cortijo de Las Quebrás, distante 1 km de la carretera.
El cortijo de Las Quebrás, hoy en ruinas, es el principio del itinerario propuesto para realizar a pie por el atochal. Situado en la vega del río Jandulilla y en la base del teso que pretendemos visitar, a su espalda parte un carril que cosido con una hilera de almendros asciende a la paramera. En ella, un espectáculo, quizá no valorado por el gran público en su justa medida, pero difícilmente observable hoy en día en la provincia de Jaén: un extenso atochal sobre una zona predominantemente llana, con una fauna y flora típicamente esteparia. Recorriendo esta estepa, mosaico de espartales y añejales, continúa el carril aproximadamente un kilómetro. Los añejales no son más que tierras antaño dedicadas al cultivo de cereales pero que llevan lustros sin labrarse. No obstante, en este año de copiosas lluvias algunos retazos han vuelto a ser sembrados. Un poco antes de llegar a las primeras estacas, sale otro carril a la izquierda que, tomándolo, nos lleva de nuevo a dar vistas al río, en lo que resulta un breve pero agradable paseo por uno de los últimos retazos de la estepa jiennense. Los cuidados culturales de los espartales, tendentes a su favorecimiento como el recurso económico que constituyeron en otro tiempo, se manifestaban básicamente en dos prácticas: la plantacion y las quemas Para plantar el esparto se frágmentaban cepellones en buen estado, enterrando las pequeñas macollitas así obtenidas. Aquellos espartales sometidos a explotación se regeneraban periódicamente con el fuego ya que, al ser el esparto planta con facilidad para rebrotar de cepa, su quema intencionada producía dos efectos: por un lado el incremento de la productividad de las macollas y, por otro, la hegemonía del esparto frente a otras especies arbustivas menos resistentes al fuego. Este paisaje constituye uno de los últimos
espartales sobre relieves llanos de la provincia. Esta circusntancia lo convierteCuando ya se han abandonado todas estas prácticas, durante nuestro paseo por el espartal de Las Quebrás podemos ver aún pequeños troncos carbonizados de romeros, junto a viejas macollas senescentes, en cuyo interior, ya muerto, encuentran un hábitat óptimo otras especies vegetales. En algunas manchas la densidad de las atochas llega a dificultar el paso por el espartal y, desde luego, constituye una eficaz protección contra la erosión. Una vez concluida esta ruta podemos regresar a Jódar y desde este punto enlazar con otras rutas, incluidas en la comarca de Sierra Mágina.
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