Canto al Sol

Ruge el sol

aleteos de libertad

al caer de la tarde

y se inunda el entorno

de su luz ambarina

que perece.

Después,

herido mortalmente

por la penumbra adversa,

enrojece de sangre

el horizonte crepuscular.

Al menos tu, ¡oh, Sol!,

tendrás mañana

un alba esplendorosa

y un bendecido espacio donde rugir triunfante.

No habrá quien te disipe:

la lluvia te devuelve

en el arco multicolor, y la niebla,

que no puede aprisionarte,

te regresa en tus rayos

que son filtros de luz-

y de esperanzas. Tan sólo la penumbra

te perturba...

¡pero puedes vencer!

y sorprender radiente,

al otro día.

Eduardo Bobrén-Bisbal.


 

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