Ruge el sol
aleteos de libertad
al caer de la tarde
y se inunda el entorno
de su luz ambarina
que perece.
Después,
herido mortalmente
por la penumbra adversa,
enrojece de sangre
el horizonte crepuscular.
Al menos tu, ¡oh, Sol!,
tendrás mañana
un alba esplendorosa
y un bendecido espacio donde rugir triunfante.
No habrá quien te disipe:
la lluvia te devuelve
en el arco multicolor, y la niebla,
que no puede aprisionarte,
te regresa en tus rayos
que son filtros de luz-
y de esperanzas. Tan sólo la penumbra
te perturba...
¡pero puedes vencer!
y sorprender radiente,
al otro día.

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