LA VIDA MISMA

 

Porqué acelerar la mente

a la urgencia venturosa,

en la costumbre viciosa,

del esplendor dirigente;

creció y atenuó la fuente,

por dilapidar el caudal,

en señorío impersonal,

del que señor en la ruina,

repele la fe genuina

y prefiere ser material.

 

Cuando la voz matinal,

radia verdad cristalina,

teniéndose por divina,

cortando a menudo el serial,

para inducir al espiral,

que entorpece la salida,

¡aferrate siempre vida!,

a la pulcritud de esfinge

y para confundir finge

y el agresor se divida.

 

Rompió la perdiz en huida,

avezada en su fiel canto,

por la acrimonia de espanto,

que se elige divertida,

del que tiene su partida;

partiéndose la esperanza,

al defender la alabanza,

que tanto hila y enriquece

y tanto hiere y ensombrece,

cuando el animo es matanza.

 

Será la elite venganza,

por apurar la abundancia,

siniestrando la alternancia,

natural en su tardanza

y al grito de la añoranza:

¡Cielo gris y campo verde!,

la serpiente el polvo muerde,

la erosión en desaliento

y el rigor que mueve el viento,

en desacuerdo, se pierde.

 

Avaricia que remuerde,

a menudo fraude enciende

y la perfidia desciende,

a la igualdad que concuerde,

dictando la ley que encuerde,

y vacia el férvido vigor,

del místico protector,

que ensimismado en el aire,

hierve su cuerpo en desaire,

anhelando caiga el pudor.

 

¡Goce la carne en su esplendor!,

izando libre bandera,

preso el celo que aligera,

¡disfruta azahar con tu olor!,

!regala tu esencia de amor¡,

como nubes en el cielo,

¡extiéndete amor al hielo!,

y a la hipocresía innata,

desde el odio que arrebata,

¡derrite agravio en consuelo!.

 

Quién ata y desata el duelo,

inhala sospecha y miedo

y delata con el dedo,

la incoherencia en desvelo.

¡Sal vida de tu recelo!,

laureada, transparente,

afirmada, diferente;

¡admira en su costumbre el río!,

desde que nace a su albedrío,

siempre en la misma corriente.

 

A veces se mira ingente,

quién amparado en protervia,

magnifica su soberbia,

teniéndose por prudente

y ríe por llorar la gente

y llora en dicha vecina,

cuando la envidia inquilina,

poco a poco se apodera

e infame y vulgar espera,

erigirse en la heroína.

 

Dulce alborada camina,

incitando al dulce vuelo,

¡vuela lejos del señuelo!,

del aire que contamina,

donde el alma dictamina;

¡escoge la verdad caída!;

¡siempre tu!,¡tu misma!,¡vida!;

mira como el fiel espejo,

el mas limpio y el más viejo,

nunca empaña, nunca olvida.

 

ANTONIO CABAL- 23-2-93.

 

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