Apatía sensual
- De tanto buscar hastiada,
- la puerta del destino,
- andar y andar el camino
- a Marbella embrujada
- y ver que no hay nada,
- nada que alimente el alma,
- solo la mar en calma,
- bajo blancas gaviotas
- y en la arena un par de idiotas
- y el aguilucho se empalma.
- Vuelan halcones de fuego,
- arrogantes y traviesos,
- llevan y traen los besos,
- los amores su riego
- y al picor sosiego,
- cual si preciado consuelo,
- ahíto queda el mancebo,
- vaivén presto y fogoso,
- que deja el nido jugoso,
- y el pájaro en el cielo.
- Pan , vino y sopa,
- un pitillo en la boca,
- ríe una cabra loca,
- navegando viento en popa,
- noche, pasión y copa,
- te moruno, mojete,
- chirigotas, colorete,
- una alondra frustrada,
- cabizbaja y follada,
- naranjada y sorbete
- El ocaso de la nobleza
- donó montura de cuero,
- espuelas de plata,
- aunque de fina corbata,
- no era el mismo caballero
- de galopar sereno,
- cruzando verdes valles
- y pedregosas calles,
- que las damas saludaban
- y a su paso regalaban,
- sensuales detalles.
- Tienen carrozas brillantes,
- señoriales cortijos,
- herencia a los hijos,
- grandeza de currantes,
- torpeza de galantes,
- mamaron la pobreza
- y vieron la gentileza
- del niño preferido,
- casamentero y escogido
- a la infinita nobleza.
- Galán de mesura exquisita,
- arrogancia y frescura,
- olvidó la herradura
- de su gracia bendita,
- de los vasallos maldita,
- que tomaron ventaja
- e hilaron mortaja,
- enterrando dulces sueños
- de mayorales y dueños,
- y así el hombre de paja.
ANTONIO CABAL
02-03-98
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