... Ya al atardecer del día,
tocando al final
del tiempo contemplo la vida,
contemplo los
sueños. Navego en el buque fantasma
de mi
cuerpo no entiendo nada, ni quiero
entenderlo. Entro en las montañas,
horizontes
opacos inviernos frios, de neuronas,
hormonas, hierros. Mares helados de
sueños
despiertos. No entiendo nada, ni
quiero
entenderlo. Otra vida pretendo, en
otro
planeta lleno de luz donde el mal
sea una
utopia y el bien un enlace al
sueño. Mares y
cielos se confundan, y las montañas
no tengan
senderos. No entiendo nada, y quizas
quiera
entenderlo. Al final de la tarde,
sola estoy
comigo misma, al final del tiempo
navego en
aguas frias. Casi no siento este
cuerpo,
pesado, opaco y de tan sencillo es
perverso.
No, no entiendo nada.